Empleabilidad en la educación superior: ¿qué buscan hoy las empresas en los egresados?
Educación Superior, Gestión Educativa

El mercado laboral está modificando sus criterios de selección: además del título y los conocimientos técnicos, las empresas buscan egresados capaces de aplicar lo aprendido, resolver problemas, trabajar en equipo y adaptarse a nuevos escenarios. Esta transformación plantea un desafío para las instituciones de educación superior: conectar cada vez más la formación académica con las habilidades y experiencias que requiere el mundo del trabajo.
Cómo cambiaron las expectativas del mercado laboral
Como se analizó en el artículo Desafíos de la Educación Superior en Argentina: Demandas Sociales para 2026, durante décadas el título universitario fue la principal credencial de acceso al mundo profesional. Sin embargo, la brecha entre la formación académica y las expectativas del mercado se ha profundizado. Un estudio de la Association of American Colleges and Universities (AAC&U) reveló que muchos empleadores consideraban que los graduados carecían de la preparación adecuada en competencias clave para el éxito laboral. En la misma línea, el reporte de Tendencias Globales de la Educación Superior de Salesforce (2022) muestra que los estudiantes han modificado sus expectativas y hoy se observa un menor interés por el aprendizaje pasivo y por planes de estudio demasiado estandarizados.
Aunque el conocimiento técnico sigue siendo fundamental, las organizaciones buscan profesionales capaces de aplicar lo que saben en escenarios concretos. En este contexto, cobra fuerza la contratación basada en habilidades, un enfoque que prioriza las competencias demostrables por encima de la trayectoria académica. Este cambio plantea un desafío directo para las instituciones de educación superior, que deben redefinir no sólo qué conocimientos transmiten, sino cómo instruyen a sus estudiantes para poner en práctica esos conocimientos en el mundo real.
¿Qué competencias valoran hoy las empresas?
Las habilidades que demanda el mercado pueden agruparse en tres grandes categorías:
Power Skills: habilidades humanas
Las competencias interpersonales adquieren cada vez mayor relevancia porque permiten desenvolverse en contextos de trabajo diversos y cambiantes.
Entre las más valoradas se encuentran:
- Pensamiento crítico: capacidad para analizar situaciones, resolver problemas y tomar decisiones en contextos de incertidumbre.
- Comunicación: capacidad para expresar ideas de manera clara, tanto de forma oral como escrita, y adaptarse a diferentes interlocutores.
- Colaboración: habilidad para trabajar eficazmente con equipos diversos e interdisciplinarios.
- Adaptabilidad: capacidad para responder a cambios, incorporar nuevas herramientas y desenvolverse en escenarios de transformación.
Según estudios de la AAC&U mencionados en el material de referencia, menos del 30% de los empleadores considera que los graduados llegan suficientemente preparados en estas competencias.
Hard Skills aplicadas y competencias digitales
El conocimiento técnico continúa siendo indispensable, pero las empresas buscan cada vez más su aplicación práctica.
Entre las competencias relevantes aparecen:
- Analítica de datos y herramientas digitales, como CRM, software especializado y soluciones vinculadas con la transformación digital.
- Aplicación práctica del conocimiento, mediante la capacidad de desarrollar productos, resolver problemas o generar resultados concretos desde las primeras experiencias laborales.
Agilidad de aprendizaje: Upskilling y Reskilling
La formación profesional ya no termina con la graduación. La velocidad con la que cambian las tecnologías y los conocimientos hace que la capacidad de seguir aprendiendo sea una competencia en sí misma.
La mentalidad de crecimiento, la apertura al feedback y la disposición para incorporar nuevos conocimientos mediante procesos de upskilling y reskilling, es decir, tanto de optimización como de adquisición de nuevas habilidades, son cada vez más importantes para sostener la empleabilidad a lo largo del tiempo.
¿Cómo responde la educación superior a las nuevas demandas laborales?
La necesidad de acercar la formación académica al mundo laboral está impulsando cambios en el diseño de carreras, tecnicaturas y propuestas de formación superior.
Algunos de los principales ejes son:
- Diseño curricular ágil: actualización de contenidos y competencias para acompañar la evolución de las industrias y evitar que los planes de estudio queden desconectados de las necesidades profesionales.
- Microcredenciales y formación modular: incorporación de trayectos formativos más breves que permitan acreditar habilidades específicas y complementar una formación de mayor duración.
- Aprendizaje basado en proyectos: utilización de situaciones y problemas concretos para que los estudiantes puedan aplicar los conocimientos adquiridos.
- Portafolios de evidencias: generación de proyectos y entregables que permitan demostrar capacidades más allá de una evaluación teórica.
- Integración de habilidades humanas: incorporación de comunicación, trabajo colaborativo, pensamiento crítico y resolución de problemas dentro de las propuestas de formación técnica y profesional.
- Flexibilidad y reconocimiento de saberes: incorporación de modalidades híbridas y mecanismos que permitan reconocer conocimientos y experiencias adquiridas previamente.
El objetivo no es reemplazar la formación académica por capacitación específica, sino conectar los conocimientos disciplinares con su aplicación en escenarios profesionales concretos.
El rol de las prácticas profesionalizantes en la empleabilidad
Las prácticas profesionalizantes y otras modalidades de aprendizaje integrado al trabajo cumplen un papel central en la conexión entre la educación superior y el mercado laboral.
Su valor está en que permiten trasladar los conocimientos adquiridos durante la carrera a situaciones reales de trabajo, donde los estudiantes deben enfrentarse a problemas, tomar decisiones, comunicarse con otros profesionales y adaptarse a condiciones concretas.
Entre sus principales aportes se encuentran:
- Aplicación de conocimientos: permiten poner en práctica contenidos y competencias desarrollados durante la formación académica.
- Desarrollo de habilidades humanas: la comunicación, la colaboración y la capacidad de adaptación se fortalecen al interactuar con equipos y situaciones reales.
- Acercamiento al mundo laboral: las prácticas permiten conocer dinámicas, herramientas y responsabilidades propias del ámbito profesional.
- Construcción de experiencia: generan evidencias concretas de las capacidades desarrolladas por los estudiantes.
- Vinculación con las empresas: las instituciones pueden fortalecer sus vínculos con organizaciones del sector y conocer de primera mano las competencias que demanda el mercado.
De esta manera, las prácticas profesionalizantes pueden funcionar como un puente entre lo que se aprende en las aulas y lo que se necesita resolver en el ámbito laboral.
El desafío para las instituciones de educación superior
La empleabilidad ya no depende únicamente de obtener un título. La formación superior enfrenta el desafío de combinar conocimientos técnicos, habilidades humanas, competencias digitales y experiencias prácticas que permitan a los estudiantes desenvolverse en un mercado laboral en permanente transformación.
Para las instituciones, esto implica revisar periódicamente sus propuestas académicas, fortalecer el vínculo con las empresas y generar más oportunidades para que los estudiantes puedan demostrar, en contextos reales, aquello que aprendieron durante su formación.
En este escenario, la pregunta no es solamente qué conocimientos necesita adquirir un estudiante, sino también qué debería ser capaz de hacer con ellos al finalizar su formación.
Bibliografía:
Wingard, J. (2022). The college devaluation crisis: Market disruption, diminishing ROI, and an alternative future of learning. Stanford Business Books.
Salesforce. (2022). Connected student report (3.ª ed.). https://www.salesforce.com/es/education/resources/connected-student-report-third-edition/